EVENTO . ANTONIO ARROYO Y DAMIAN ALBARIÑO: "FRESA Y CHOCOLATE"
LUGAR . Centro Cultural Provincial - Junin 2457 - 4573735 HORARIO . 20:00 hs
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Sábado, 24 de Mayo de 2008 |
ANTONIO ARROYO Y DAMIAN ALBARIÑO: "FRESA Y CHOCOLATE"
El Mejor Teatro Cubano en Santa Fe. 15 Premios Internacionales - 10 Años De Exito En La Habana……” Girando alrededor de los personajes de Diego y David, el relato dispara sus juicios críticos contra la discriminación sexual sin dejar de lado determinadas objeciones al sistema político castrista. Enmarcados por una ambientación austera -apenas dos cubos y una mantilla de colores, los dos hombres transitan por una relación que empieza a los tirones y termina en amistad.
Fresa y chocolate aborda la problemática de la incomunicación de dos seres radicalmente diferentes: Diego, un homosexual culto, investigador de la nacionalidad y el espíritu cubanos, y David, un campesino, militante comunista y estudiante universitario. El rechazo que David siente por Diego en un comienzo, poco a poco se disipa. Sin embrago, el transcurso del vínculo sirve para hablar de la intolerancia y el rechazo a lo diferente, lo que corre a la problemática del eje del comienzo, sin dejar de lado algunas de las contradicciones de la Cuba actual
El actor cubano Antonio Arroyo, encargado de la reposición y protagonista junto al argentino Damián Albariño, habló con El Ciudadano acerca de la vigencia de esta propuesta, porque, según dijo, “las cosas no han cambiado nada, y la intolerancia está tan vigente como cuando estrenamos”.
—¿Qué cosas han llevado este texto y esta puesta a convertirse en un clásico?
—Han pasado 16 años desde su estreno, pero el conflicto se vuelve cada vez más universal. Si bien el texto habla de un homosexual y un comunista que se encuentran y desencuentran, va mucho más allá: habla de la condición humana. Y si bien por momentos transita el género de la comedia, también hay drama, por eso decimos que esta obra es un desafío para el actor que elija interpretarla. La obra plantea esto de que, por encima de todo, es decir elección sexual, ideología y nivel cultural, está el ser humano. Es así que no sólo David (el comunista) se transforma. Diego (el homosexual) también se verá modificado por las circunstancias que atraviesa en medio de la relación que entabla con David, que en un comienzo tiene que ver con querer llevárselo a la cama pero que luego cambia.
—¿Dónde radica ese cambio?
—En que luego son amigos y logran comunicarse y conocerse, y entonces todo puede ser entre ellos. Es un texto sólido, que habla por sí solo, muy rico a nivel teatral. Y me parece vital hablar de la intolerancia porque es algo que es propio de los seres humanos, y que siempre aparece cuando menos la esperamos.
—¿Qué pasó en Cuba cuando se conoció el cuento de Senel Paz que dio origen a esta pieza teatral, teniendo en cuenta que hace una dura crítica al régimen castrista?
—Cuando se conoció en Cuba la obra literaria, hubo un antes y un después. En realidad, mucha gente pensaba lo que dice esta obra pero nadie se atrevía a poner blanco sobre negro. Senel tuvo el coraje y el talento artístico para hacerlo y es la obra más fotocopiada en la historia de Cuba, dado que sólo se editaron mil ejemplares. Cuando lo leí, dado que fui uno de los privilegiados que consiguió un ejemplar, me dije: “Esto hay que hacerlo”. Entonces, me involucré en la tarea de buscar otro actor y un director. La obra fue un suceso en Cuba, la hacíamos temprano en el Teatro Nacional, que queda lejos del centro, porque no había transporte. En aquél momento se producía una catarsis que iba más allá de lo artístico y que se revelaba como un fenómeno sociológico.
—¿Cómo fueron los años siguientes?
—Arrancamos con una gira que nunca terminó, y que incluyó tres años en la Argentina, y luego Uruguay y Chile, entre otros destinos. Las últimas funciones fueron en 2005, es decir que la de esta noche será la primera función luego de tres años y con otro actor, que si bien no es cubano, ha vivido algunos años en Cuba y se ha documentado lo suficiente como para componer este personaje. Creo que el aporte de Damián está en la conversión de un actor argentino que compone con mucho talento e intuición a un cubano.
—¿Cuál es tu visión de la Cuba actual donde se percibe cierta apertura?
—Es cierto, pero hay una politización constante de lo cotidiano que se vuelve contraproducente. Viajo todos los años a Cuba, voy constantemente, no soy disidente, sólo soy un artista que viaja. Como muchos de mis compatriotas, comparto muchas cosas del régimen, como el tema de la salud y la educación, pero no estoy de acuerdo con otras. Creo que negar el desarrollo y la información es contraproducente, dado que los seres humanos, de un modo u otro, siempre estamos buscando la verdad.
Fuente: El Ciudadano.
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