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Jueves 22 Mayo 2008  
CONCIERTO: CUARTETO DE CUERDAS DE LOS ESPEJOS - Musica
EVENTO . CONCIERTO: CUARTETO DE CUERDAS DE LOS ESPEJOS
LUGAR . ATE Centro Cultural Casa España - Rivadavia 2871 - 4555557
HORARIO . 21:30 hs
PRECIO . Generales $ 10. Afiliados y grupo familiar gratis. Descuento del 20% empleados públicos, docentes, estudiantes, jubilados, pensionados, trabajadores con planes sociales. Promoción 2x1 para empleados p
FECHAS
Jueves, 22 de Mayo de 2008

CONCIERTO: CUARTETO DE CUERDAS DE LOS ESPEJOS


Cuarteto de cuerdas de Los Espejos, integrado por: Oscar Conforti (violín), Margarita Costanza (violín), Ronald Bourquin (viola), Gabriela Peirano (cello). Músico invitado: Mariano Laurino (clarinete). Si bien, sus integrantes vienen, hace años, haciendo música juntos, la decisión de formar un cuarteto los llevó este año a iniciar el proyecto.



Cuarteto de Cuerdas “Los Espejos”



Si bien, sus integrantes vienen, hace años, haciendo música juntos, la decisión de formar un cuarteto los llevó este año a iniciar el proyecto.



Son todos integrantes de las Sinfónicas de Santa Fe y Entre Ríos y realizan separadamente, una importante vida artística en el medio.



En esta oportunidad, ejecutarán el Quinteto para clarinete y cuerdas de Mozart y el Cuarteto en Fa Mayor Op.96 “Americano” de Dvorak



Comentario de las Obras



Quinteto de Mozart para clarinete y cuerdas



De todos los instrumentos, ¿existe alguno que pueda asociarse más estrechamente a Mozart que el clarinete?



El clarinete adquiere en su caso, por otra parte, una significación extramusical muy particular. Desde la afiliación del compositor a la francmasonería (finales de 1784), el clarinete se convirtió en el instrumento por excelencia de la fraternidad masónica, ocupando un lugar preeminente en todas las obras que compuso con destino a las ceremonias de la Logia. Desbordando incluso este marco, él dio su sentido esotérico e iniciado a todas las obras instrumentales en las que participó, solista o no. Su papel en Cosi fan tutte, pero, sobre todo, en La flauta mágica y en el Requiem, no hace falta subrayarlo desde este punto de vista. Las particularidades de su factura vendrán incluso en apoyo de este papel simbólico: se sabe que la cifra tres posee una significación masónica esencial, por lo que las tonalidades de mi bemol (tres bemoles en la clave) y de la mayor (tres sostenidos) convienen especialmente al clarinete. Y son tres estas obras maestras de Mozart.



El Quinteto en la mayor vio la luz en circunstancias no muy buenas para el compositor. Víctima de una soledad artística y humana creciente, incomprendido y medio olvidado por el público vienés, enfrentado a angustiosas preocupaciones pecuniarias agravadas por las constantes enfermedades de su mujer, Mozart vivió meses bien tristes. Trabajando en Cosi fan tutte, ópera terminada en el siguiente enero, saldó una deuda de amistad con Anton Stadler ofreciéndole el Quinteto terminado el 29 de septiembre de 1789. El 22 de diciembre, el dedicatario haría el estreno en el curso de un concierto benéfico que no dejaría al muy necesitado Mozart ningún dinero.



El Quinteto "a Stadler", primera obra en la historia de la música que junta al clarinete y al cuarteto de cuerdas, conoció una magnífica descendencia: Weber, Brahms y Reger. No obstante, la perfección de la obra mozartiana permanece insuperada, pues, lo mismo que el Concierto terminado en septiembre de 1791, explota a fondo todas las posibilidades tímbricas y expresivas del instrumento, especialmente su registro grave que Stadler cultivaba con predilección.



El Quinteto es de inspiración puramente masónica. Es una obra feliz, tierna y muy vibrante de dulce calor humano.El clarinete se integra milagrosamente en el conjunto instrumental sin relegar nunca a los arcos al papel de acompañantes.



1.Estos son quienes exponen el tema lírico y apacible del Allegro inicial. En esta forma sonata concisa, donde el desarrollo de los temas, según costumbre en Mozart, no ocupa más que un lugar limitado, se pueden distinguir hasta cinco ideas melódicas. No hay coda.



2. El Larghetto en re, sublime efusión de esencia puramente melódica, es equiparable al Adagio del futuro Concierto. Su atmósfera de refinado nocturno es subrayada por el velo de las sordinas impuesto a los arcos durante todo su curso.



3. A esta cima expresiva de la obra sigue un Minuetto de encanto bucólico y popular a la vez, con un desarrollo poco común y dos tríos. El primero de ellos, en la menor, reservado a las cuerdas solas, tiende una sombra pasajera sobre esta obra serena, pero el segundo (la mayor) nos ofrece un verdadero Ländler alpino, donde el clarinete reencuentra sus orígenes al transformarse pasajeramente en alegre chalumeau de pastor tirolés.



4. El Finale (Allegretto) corona la obra con un tema con variaciones donde Mozart logra admirablemente sacar las consecuencias más imprevistas de un tema de una simplicidad casi ingenua. En la primera variación, el clarinete canta un contrasujeto que casi hace las veces de segundo tema (se le vuelve a encontrar en las variaciones 2 y 5), y que, a su vez, estaba claramente anunciado en el segundo trío del Minuetto. Las dos variaciones siguientes reservan la primacía respectivamente al primer violín y a la viola, contentándose el instrumento de viento con un papel más difuminado. La cuarta variación reencuentra, tras el velo melancólico de la precedente, el gozo y el buen humor, con el clarinete prodigándose en exuberantes figuraciones. Una breve transición, que desemboca en un calderón, introduce entonces la quinta variación, un Adagio muy conocido, de una limpidez y una ternura maravillosas. Una nueva detención precede a la viva y arrebatadora coda con la que el Quinteto termina en un gran estallido de alegría y de luz.



Cuarteto de cuerdas de Dvorak "Americano"



Tanto el “Cuarteto Nº 12 en Fa Mayor Op. 96” (Cuarteto Americano), como la “Sinfonia Nº 9” (Sinfonía del Nuevo Mundo) están dentro de las composiciones que reflejan las impresiones de la estancia de Dvorák en la ciudad de Spillville, Estados Unidos, en el verano de 1893. Entre los años 1892 y 1895, Dvorák ocupó el cargo de director del Nacional Conservatory of Music de New York. Tal vez por ello ofrece un curioso contraste de elementos. Si por una parte Dvorák es casi el principal representante del nacionalismo checo, sus elementos nacionalistas suenan simultáneos con melodías o temas afines del suelo americano.



El cuarteto presenta una forma simétrica y elegante de corte completamente clásico, que tiende más bien al arte de un Beethoven que al de Brahms. Conserva en todo momento un carácter que impide caer a pesar de su alegría en lo superficial. Une, de forma magistral su faceta espontánea con la solidez que hereda de la influencia wagneriana. En el aspecto melódico se conserva personal y con gran facilidad de exposición.



En cuanto a la instrumentación el “Cuarteto nº 12 en fa mayor op. 96”, pone de relieve la maestría de los grandes maestros. Dvorák se mantiene alejado del excesivo desarrollo y de la construcción programática.



Allegro non troppo: Sobre la base de unos trémolos de todos los instrumentos, la viola apunta el tema principal que luego pasa al primer violín con acompañamiento de pizzicati del violonchelo. Este primer tema concretamente es el que muestra una mayor afinidad con la “Sinfonía Negra”. El segundo tema lo presenta el primer violín y muestra un carácter más sosegado. El desarrollo es breve y va siendo marcado en su transcurso por todos los distintos instrumentos. Merece ser destacado aquí un hermoso canon que van impulsando los violines. Este movimiento se caracteriza por ser bastante breve.



Lento: Una serenata del primer violín que se construye sobre la base de una idea del primer tiempo halla su respuesta en el violonchelo. La melodía sigue su exposición en un intenso lirismo. Al violín solista se suma el violín segundo, a intervalo de tercera. La viola persiste en un dibujo obstinado que realza la melodía. Se eleva la tensión que desciende graciosamente para volver modulando al tema inicial que conduce ahora al violonchelo acompañado por el resto de la cuerda.



Malta vivace: En forma de scherzo, es el movimiento, que a través de un tema muy vivo, vuelve a los ritmos eslavos. Es digno de admiración, en un segundo episodio, el magnífico juego de los dos violines que más tarde pasa a la viola y al violonchelo. Sigue una reexposición del motivo inicial ahora en un ritmo más sereno. Desarrollado el tema en octavas se inicia un pasaje en el que se busca el contraste de acordes forte y piano.



Vivace non troppo: Una especie de rondó que conduce el primer violín halla su respuesta por él mismo en una segunda fase en dobles cuerdas. Se repite la frase inicial para llegar a una etapa conclusiva que da paso a un episodio lento muy expresivo de líneas emotivas. Bruscamente se acelera el movimiento y tiene lugar la recapitulación de los dos temas principales, en esta oportunidad algo modificado. El movimiento termina en una especie de coda en la que Dvorák utiliza una escritura altamente polifónica.




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